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Reforma militar amplia

Visión para una reforma militar profunda: descentralización del ejército en unidades territoriales, separación entre guerra total y amenazas terroristas, establecimiento de un brazo especializado para amenazas cambiantes y rehabilitación de la cultura organizacional del sistema de seguridad.

Esta traducción se preparó automáticamente.

El fracaso ocurrido el siete de octubre es ante todo un fracaso militar, pero no debe verse solo como un fallo puntual. Son partícipes la cúpula militar actual, la cultura del ejército que se formó en la última década, los ministros de defensa de generaciones y los primeros ministros del pasado y presente. Las reiteradas advertencias del general Itzjak Brik fueron solo una voz entre muchas que alertaban sobre la fractura.

Pero el general Brik no es el único. Decenas de miles de soldados retirados y en servicio vieron con sus propios ojos las negligencias: desde el soldado raso hasta oficiales que tuvieron que actuar dentro de una cultura de mentira, encubrimiento, ocultamiento, corrupción y malgasto de fondos públicos. No se requiere mayor prueba que los eventos del siete de octubre.

Por eso no basta con enviar a los responsables a sus casas. No basta con reprensiones, comisiones, marcas de deshonra o cambios de comandantes. Se requiere un cambio sistémico y profundo en el ejército y en todo el sistema de seguridad. Muchos años de presupuestos gigantescos, centralización, ostentación operativa, dependencia tecnológica y falta de humildad crearon una cultura organizacional fallida que debe ser erradicada de raíz.

Los puntos principales que siguen fueron escritos antes del siete de octubre y completados el 26 de agosto de 2023. Por eso deben ser tomados con extrema seriedad: el siete de octubre no creó la falla militar — la expuso.

La reforma propuesta aquí tiene como objetivo renovar el sistema de seguridad, devolverle su propósito, humildad, responsabilidad y competencia, y establecer una nueva estructura de seguridad que se adapte a la nueva realidad del país.

Antecedentes de la reforma

El fracaso militar del siete de octubre es sin precedentes. Es una gran vergüenza y humillación para las Fuerzas de Defensa de Israel, sus comandantes y líderes.

Pero el fallo no comienza ni termina ese día. Es resultado de una serie de problemas profundos:

El sistema militar no está preparado para una guerra total.

Existen negligencias graves, visibles y ocultas, tanto en las fuerzas regulares como en las reservas.

Hay una dependencia excesiva de tecnologías de punta, de la fuerza aérea y de sistemas avanzados, que degeneran capacidades básicas como infantería, logística, blindados, ingeniería y artillería.

El sistema sufre fallas logísticas graves que, en última instancia, afectan al combatiente en el terreno.

El ejército depende cada vez más de actores civiles y contratistas, lo que puede llevar a la paralización de capacidades esenciales en una emergencia nacional.

El enfrentamiento prolongado con amenazas terroristas y de guerrilla desgasta al ejército, limita su pensamiento y lo acostumbra a operar con fuego contenido y una concepción operativa reducida.

El creciente uso de medios civiles y tecnológicos — navegación, comunicaciones, aplicaciones y sistemas externos — crea una dependencia peligrosa precisamente en situaciones de emergencia donde estos sistemas pueden fallar.

Junto a todo esto hay una caída en la moral, en los valores del servicio, en la confianza interna y en la capacidad del sistema para presentar una visión clara a sus soldados y comandantes.

El problema no es un comandante o dos. La corrupción del sistema militar se formó a lo largo de años, se integró como cultura organizacional y se volvió método. Por eso la corrección no puede ser técnica, administrativa o puntual. Debe ser un cambio profundo.

Nueva visión de seguridad

El sistema de seguridad debe reconstruirse alrededor de tres tipos de amenazas:

  • Guerra total - Conflicto contra un enemigo con capacidad militar significativa, que requiere despliegue amplio de fuerzas, preparación profunda, logística, reservas, industria, retaguardia y resistencia prolongada.
  • Guerra asimétrica - Enfrentamiento con organizaciones terroristas, guerrillas armadas, células locales y amenazas cambiantes, que exige una fuerza pequeña, profesional, flexible, precisa y contenida.
  • Seguridad continua y retaguardia civil - Protección de fronteras, mantenimiento de sectores, recolección de inteligencia, entrenamientos, simulacros, preparación de autoridades y comunidades, y fortalecimiento de la capacidad de resistencia ciudadana.

A partir de esta distinción, el sistema de seguridad debe dividirse en dos estructuras principales: un ejército territorial descentralizado y un brazo profesional para amenazas cambiantes.

Ejército territorial descentralizado

La descentralización del ejército es necesaria en la realidad de un gobierno federal. El primer objetivo de la fuerza militar será proteger su comunidad, su territorio y los límites de responsabilidad asignados.

El ejército territorial reconectará fuerzas regulares y reservas. En lugar de una separación profunda entre quienes sirven actualmente y quienes son llamados ocasionalmente, se construirá una unidad orgánica única: un soldado comienza su camino en la unidad, continúa en ella para entrenamiento, servicio, reservas, ejercicios y emergencias. Esa unidad conoce a sus miembros, sus comandantes, su sector y su misión.

Esta estructura generará responsabilidad, permanencia, memoria organizacional, solidaridad mutua y verdadero orgullo de unidad.

El ejército territorial se enfocará en dos tareas centrales: vigilancia y seguridad continua en tiempos de calma, y preparación para guerra total en emergencias. No se desgastará enfrentando constantemente amenazas terroristas puntuales, ni se le exigirá desplegar todo el sistema militar contra pequeñas células o grupos subversivos.

Este enfoque devolverá al ejército su propósito: preparación para guerra real, protección del país, defensa de los ciudadanos, competencia profunda y capacidad de acción en condiciones de emergencia severas.

Principios del ejército territorial

  1. Simplicidad - No debe apoyarse solo en tecnologías de punta. Se debe volver a órdenes claras, mapas, planos, ejercicios básicos, comunicación confiable y medios que los soldados sepan operar incluso en condiciones de fallo.
  2. Independencia - El ejército debe reducir la dependencia de contratistas, actores civiles y sistemas externos. Debe capacitar a sus soldados para realizar las acciones necesarias para su existencia, mantenimiento y funcionamiento.
  3. Logística fuerte - El ejército marcha sobre su estómago. El sistema logístico no es un asunto secundario sino condición fundamental para el combate. Ni el soldado ni el comandante deben cargar con las fallas logísticas.
  4. Organicidad de la unidad - Las bases de las unidades serán el hogar tanto para fuerzas regulares como reservas. Se ubicarán según las necesidades de seguridad, sectores de responsabilidad y la nueva estructura territorial.
  5. Eficiencia - El ejército debe ser presupuestado, simple, competente y eficiente. No grande por ser grande, ni tecnológico por impresionar, ni derrochador por prestigio.
  6. Escucha a los soldados - Las unidades y sus comandantes deben estar atentos a los soldados, entendiendo que estos continuarán sirviendo en esa unidad muchos años. El combatiente no es un instrumento desechable sino parte de una comunidad de seguridad continua.
  7. Preparación para guerra total - El ejército territorial está destinado principalmente a enfrentar emergencias nacionales contra enemigos significativos, no a la gestión continua de sistemas pequeños que desgastan su fuerza y pensamiento.

Brazo para amenazas cambiantes — ejército pequeño e inteligente

Junto al ejército territorial se establecerá un brazo profesional, pequeño y flexible, cuyo rol será enfrentar amenazas asimétricas: terrorismo, guerrilla, grupos armados, células dispersas y amenazas cambiantes.

Este brazo será una fuerza permanente profesional, basada en soldados que completaron servicio completo y pasaron selección adecuada. Se formará y desarmará según las necesidades del tiempo, la amenaza y decisiones del nivel político-seguridad.

La singularidad de este brazo será su flexibilidad. No será un ejército masivo, sino una fuerza hábil, precisa, sofisticada y limitada. Sabrá operar en un entorno civil complejo, con contención, responsabilidad legal y entendimiento de que el uso de la fuerza en el ámbito civil requiere sabiduría y no solo poder.

Será responsable de la capacitación, la integración de tecnologías avanzadas, el desarrollo de ejercicios adecuados y el enfrentamiento de los enemigos asignados. Cada cierto tiempo se evaluará su adecuación y sus unidades se formarán o disolverán según las amenazas relevantes.

Principios del brazo para amenazas cambiantes

  • Principio de limitación - Reducción de la fuerza para acción precisa en escenarios complejos. Los comandantes deben entender los límites de la fuerza y actuar con creatividad, responsabilidad y juicio.
  • Principio de complejidad - Uso de medios avanzados y conocimiento profesional para enfrentar unidades subversivas, células pequeñas y amenazas cambiantes que no se parecen a un ejército regular.
  • Principio de flexibilidad - Estructura modular, capacidad de formar y disolver unidades, rápida adaptación a la realidad cambiante y evitación de rigidez organizacional.
  • Principio de competencia - Fuerza pequeña, profesional, entrenada y competente, que no se basa en masa sino en calidad, capacitación, responsabilidad y disciplina.

Unidades tecnológicas y gobierno federal

La descentralización del ejército no significa desmantelamiento total de la responsabilidad de seguridad nacional. Unidades tecnológicas avanzadas, sistemas de ciberseguridad, inteligencia, comunicaciones, sistemas estratégicos e infraestructuras esenciales permanecerán en una estructura central bajo responsabilidad del gobierno federal.

Así se podrá combinar entre dos necesidades: por un lado, responsabilidad territorial local, cercana a la persona y la comunidad; y por otro, mantenimiento de ventaja cualitativa, coordinación nacional, mando central y capacidad de acción amplia en emergencias.

Entre ejército y política

“La guerra no es sino la continuación de la política por otros medios.”

La frase de von Clausewitz enseña que más allá del fracaso militar del siete de octubre, hubo también un fracaso político profundo. Un ejército no puede corregir solo una política errónea. No puede reemplazar visión, liderazgo, sabiduría o camino.

La agravación del siete de octubre no ha cesado, ni cesará por muchos años. Pero la respuesta no puede ser solo aumentar presupuestos, comprar nuevos sistemas, cambiar comandantes o crear otra comisión. La respuesta debe ser un cambio de paradigma.

Debemos construir un sistema de seguridad nuevo: más humilde, más inteligente, más descentralizado, más competente, más moral y menos dependiente de ilusiones de poder y tecnología.

Un sistema de seguridad que sepa proteger al ser humano, a la comunidad y a la tierra — y no convertirse en el centro de la vida.

Un sistema de seguridad que sirva a la política, y no la reemplace.

Un sistema de seguridad que recuerde que su propósito no es la guerra, sino preservar la vida.

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